Ponte cómoda en el asiento. Es amplio y no necesitas cinturones de seguridad para este viaje. Sabes bien que no sirven de gran cosa.

Mira por la ventanilla. Acabas de sobrevolar los primeros treinta y nueve años de tu vida. Si aspiras profundo podrás percibir el aroma de los días de lluvia de tu infancia que tanto te gustaban. El tacto del aironfix forrando tus carpetas escolares. El perfume a papel recién salido de la imprenta de los libros que has leído. Aprovecha para pensar en el pasado, va siendo hora de curar viejas heridas.

Sé que es una lástima no poderse detener y saludar a los que se fueron sin que pudieras despedirte de ellos. Los mismos con los que darías cualquier cosa por poder intercambiar mensajes, tomar un café o tener conversaciones y abrazos tan largos como imposibles.

Observa esas nubes y las turbulencias que provocan. Son tus errores. Sí, hay unos cuantos. Míralos como parte de quién eres, sin acritud, sin rencores. Volverías a cometerlos y lo sabes. Incluso esos que te ocultas a ti misma porque la cicatriz sigue doliendo por más que pase el tiempo. También hay aciertos, basta con que fijes la mirada en la luz y te des cuenta que puede ser cegadora.

Observa a tu alrededor, todo se mueve y sigues volando. Es el presente. Lo vas dejando atrás sin darte cuenta. Se escapa como lo hacen tus reflejos, cada día eres más lenta, cada vez un poco más torpe, siempre más achacosa. Ya visitas las farmacias para otras cosas que no tienen que ver con caramelos y condones. No recuerdas desde cuando te llaman señora los niños en el parque que te piden que les pases la pelota. Tal vez desde que te ves arrugas alrededor de los ojos (señal que sonríes) o no reconoces tus manos de mujer adulta recordándote cuantas caricias han dado y moldearán aún. A cuántas cosas se han aferrado. Acumulas un puñado de descosidos en el corazón de los que debes estar orgullosa. Heridas que son sinónimos de estar conjugando ese verbo letal que es estar viva. A veces acompañada. A veces abismáticamente sola.

Ahora viene lo más asombroso. Fíjate. Estás volando más alto que el sol. Ahí está el futuro. El tuyo. Siente el vértigo y disfruta del vuelo.

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