Siempre he sabido que, tarde o temprano, iba a utilizar precisamente esta cabina. Porque ahí fue donde pasó todo. Aunque hace ya tanto tiempo que somos los únicos que aún conocemos esta historia.

Llevo años esperando ver esa esquela en el periódico y hoy, por fin, la he leído. No he sentido la satisfacción que tanto había soñado. Sin prisa, me he armado con mis más preciadas herramientas y me he preparado para salir de casa: el paquete de cigarrillos liados a mano y la petaca bien cargada. Antes de cerrar la puerta me despido del retrato de mi Flora. Aquella María Magdalena de buen corazón que me dejó huérfano de caricias en los años cincuenta, seguramente por culpa de alguna venérea traída por la sexta flota. No ha habido una sola mañana en que no haya salido de casa sin besar aquella foto de quien, sin ser mi madre, fue todo lo que esta perra vida me ofreció como familia. 

No, no me afectan los tres grados de mínima que reinan en la calle a estas horas. El secreto de mi templanza se llama barrecha y es una mezcla de anís seco con moscatel. Me aficioné a ese desayuno cuando empecé a frecuentar a los estraperlistas del barrio chino y me decían que la leche no era cosa de machos. Él, en cambio, siempre tuvo su tazón con galletas para desayunar.

Ahí llega el que fue Excelentísimo Gobernador Civil, vestido como el Humprey Bogart de la calle Unión que quiso ser y no fue. Como si advirtiera mi presencia, se gira y me clava su mirada. Algo parecido a lo que hizo aquel día aunque entonces llorábamos y hoy creo ver una sonrisa en su gesto. No hemos vuelto a vernos desde entonces. Al acercarse siento las piernas de mantequilla, vuelvo a ser aquel mariquita del paralelo que iba a llamar a su mujer desde aquella cabina y contarle, despechado, que era a mí a quien Él amaba. Me habló entonces de sus hijos, de su vida, de lo injusto que era para mí encadenarme a un amor imposible. Que la quería, que no podía dejarla aunque iba a amarme también el resto de su vida.

– Siento lo de tu mujer. – le digo al amor de mi vida.
– Y yo siento que sea tan imposible deshacerse del pasado como hacer que vuelva…

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