Tantos años trabajando en producción publicitaria y cine, no sé cuántos planos de manos habré visto grabar o fotografiar.

Son una parte de la anatomía que me fascina, de ahí que en mis aventuras con la reflex procure cazar (o me cazan a mi) algunas de ellas.

¿Cuantas caricias habrán sido capaces de entregar estas manos? ¿Es el desgaste producto de un largo trabajo físico? ¿En el campo, en la fábrica, es un emigrado a la ciudad? ¿Qué me dirían sus huellas dactilares? ¿Me hablarían de delitos de crueldad o de lágrimas (ajenas, propias) secadas con el dorso? ¿De un hombre despiadado desnudando el paso de los años y a un número indefinido de cuerpos?¿O sólo a una? ¿Me hablarían del temblor generoso de la vejez al sostener los pasos de los nietos? ¿Me explicarían estas manos este gesto tan masculino a determinada edad?

No hay respuestas.
El click de la cámara captura lo que jamás volveré a ver ante mi…
Otra historia anónima para mi colección de vampiro emocional.

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