Sabes que soy rara, que tengo mi carácter modelado hostia a hostia, error a error. Me conoces. A veces pienso que más que yo misma : ¿debería preocuparme?. Sabes mis reacciones, mis pensamientos, lo que me va a pasar por la cabeza como si en el puzzle no hubiera pieza que tú no sepas dónde va colocada. Y sí, eso me gusta. Me gusta cuando pronuncias mi nombre, siempre completo, siempre acentuado en catalán. Me encanta cuando me llamas por mi nombre para enfatizar algo. Me haces sonreír cuando me miras mostrando cierta desesperación y me recalcas: això no és cap pregunta retòrica. Me encanta darte una media sonrisa como respuesta, esperando (uno, dos, tres, cuatro…) que tú mismo verbalices esa emoción que no he sido capaz de darle contenido en palabras.

Y entonces añado socarrona que si lo sabes, para qué me lo preguntas. Y meneas la cabeza y te rascas la barbilla (ahora te rascas justo en las canas de la barba) y simulas estar desesperado. Pero no lo estás. Porque no hay rareza en mi vida que tú no sepas, ni terror nocturno o diurno que tú no conozcas palmo a palmo, milímetro a milímetro. Sea fantasma o realidad, sea pasado o presente, sea lo que sea, lo conoces. Porque sabes lo que soy y quién soy… y sabiendo lo que sabes, me aceptas, me recibes, me respetas y me quieres. Me esperabas a la salida del trabajo después de un día de mierda. Sostenías la bolsa con la compra que acababas de hacer para mi pasajera (según tú) dieta vegana. Yo en cambio cargaba ira y asco que no te tocaba. Y te lo hago pagar. En público, rodeados de curiosos que se adentran en nuestra intimidad por unos segundos. Cosa que detestas.

Y me dices que parece mentira que diga eso (ni recuerdo qué era) y que en tu próxima vida esperas no enamorarte de una católica con hiperdesarrollo del sentido de culpa y vocación Mártir, que Todo fluye, según tú. Y me repatea el estómago tu reacción y te digo que eres un Parménides de barrio. Te veo despegarte de mi lado y caminar a unos pasos de distancia. Ese desapego tuyo temporal me hace sentir pánico. Mi orgullo me mantiene detrás y Tú y las coliflores camináis ajenos a que mi sombra acaricia la tuya, te toma de la mano y te pide hacer las paces

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