Aquella mañana los peripatéticos extendían su tentáculo de sabiduría demagógica de nuevo por las calles de la ciudad. En esta ocasión hablaban sobre el papel del peregrino según la tradición Coélhica.
– “Maestro ¿qué es un Oxímoron?”

El gurú pensó que sería inopinado soltarle un “Oxímoron eres tú” y guardó silencio durante unos minutos mientras pensaba libidinoso (la primavera ya se sabe) en el reflejo ígneo del sol sobre el cabello de su amante. Adoptó una pose sería porque promover la abstinencia siendo un libertino era tan peligroso para sus honorarios como para su fama de santón.

– “Verás, pequeño saltamontes, fíjate en esa barandilla. ¿Ves esa mancha amarillenta? ¿Quien sabe que se oculta bajo su superficie? ¿Entiendes la contradicción que significa que una mancha que tapa un mensaje en realidad es una forma de comunicación? ¿Comunicar algo a través de un acto que en sí es un silencio? ¿Has oído hablar de los gritos del silencio?”

El aprendiz de embaucador asintió pensando en sus problemas de restreñimiento aunque supo que no iban por ahí los tiros.

– “¿Algo así como la plenitud del vacío? ¿El ardor gélido de las palabras escritas sobre la nada? Es que yo sólo veía un manchurrón…”
– “Pues aprende a ver que en cada mancha se oculta una limpieza que parece desaparecida. Pero ahora vamos a ayunarnos un vermut y unas bravas y entenderás mejor el concepto…”

error: Alerta: Contenido protegido. Si necesita algún texto o fotografía contacte con www.emiliagalindo.com