Es admirable como la vida pugna por abrirse camino entre las grietas del cemento. A pesar de todo y todos ahí asoman las pequeñas y testarudas briznas de hierba una y otra vez. Parecen esquivar las ruedas de los automóviles, nuestros pasos perdidos, los chicles gastados, las colillas pisoteadas, las prisas cotidianas… Y ahí está, el milagro de las pequeñas cosas aparentemente inútiles. Da vértigo ver cómo pacientemente asoma, con su belleza inadvertida, la frágil y perfecta geometría de la vida en medio de los adoquines.

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