– “Sé que esta noche es especial para ti”.

Tu voz me hace volver al mundo como esos aterrizajes difíciles pero que se hacen suaves y en los que los pasajeros aplauden la pericia del comandante. Asiento porque realmente esta noche es importante. Ahora eres tú quien contempla el baile de las llamas moviéndose suavemente, ligeras, fugaces.

– “Me fascina pensar que el fuego vive del aire, arde en la tierra y lo apaga el agua.”

Sonreímos y te agarro la mano. Como cada solsticio de verano enumero y ordeno mentalmente todo lo que quiero hacer y aún no he hecho. Acaricio las virtudes y detalles que admiro en mí y en los demás. Y extraño aquellas hogueras de mi niñez, cuando todo era complicadamente sencillo.

Se escucha de fondo la canción que marcó el comienzo de mi adolescencia y que yo (desgañitándome) cantaba en la ducha. Si la tocan las orquestas de barrio en la verbena de San Juan señal que te has hecho mayor, me digo.

Llevamos días ordenando mi colección de Diógenes sentimental y me está sirviendo para darme cuenta del paso del tiempo. Apasionante proceso de revisión con muchos “buah” y muchas historias que te he ido contando y que parecen interesarte. Un montón de papeles, libretas, agendas con nombres de personas a las que no he vuelto a escuchar, juguetes, apuntes, entradas de cine, tickets de compra, billetes de tren, avión y fotos… muchas fotos.

Y entre todas esas cosas materiales puedo reconocer mi pasado: mis malas y buenas decisiones. Mi forma de aprender por ensayo y error. Mis parapetos. Mis historias escritas y las calladas. Mis renuncias. Mis duelos.Mis perdidas. Mis victorias.Todos y cada uno de esos pasos forman parte de mí.

He dejado que seas tú quien cargue hasta la hoguera con la caja de papeles que no han sabido envejecer conmigo y se han enmohecido. Eso sí, como buena hechicera, el conjuro de agradecimiento y despedida al arrojarlos ha corrido por mi cuenta. Ha sido un año terrible. Al fuego lo malo. Bienvenido sea lo bueno.

[A mi yayo Juan. A mi padre y a mi hermano. Y al Joan petit que nunca podré -y siempre querré- tener.]

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