Cada vez que hago una foto y luego me veo reflejada en los ojos de mis sobrinas me pregunto qué parte de mí estaré dejándoles, qué imágenes y qué recuerdos del tiempo que estamos viviendo juntas les estará quedando grabada en su memoria. No sólo en los momentos en que me planto frente a ellas parapetada tras una cámara y me dejan abrazarlas con cada disparo. Es una sensación general que básicamente me habla de la incapacidad manifiesta de transmitirles la intensidad de las emociones que me inspiran. Supongo que es inevitable sentir un poco de vértigo y que es una aspiración normal desear que se sientan queridas por ese rara avis que les ha tocado como tía.

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