Aquí fui feliz. A veces siento que fue en otra vida, que todo forma parte de la trama de una película o de un libro que no consigo recordar cómo terminaba. Últimamente vengo con más frecuencia, como si sólo aquí pudiera reencontrarme con quien no volveré a ser.

Los primeros días el portero me saludaba. Ahora se limita a observarme de lejos, creo que le doy miedo o lástima. Seguramente ambas cosas.

Siempre hago lo mismo. Contemplo el balcón unos minutos, me recuerdo que fui capaz de ser feliz y vuelvo a mi rutina preguntándome si quién vive ahora aquí será capaz de sentirlo. Si aún tiene fuerza para quemar las manos que lo toquen. O si un poco de pintura y muebles nuevos ha sido suficiente para borrarlo.

error: Alerta: Contenido protegido. Si necesita algún texto o fotografía contacte con www.emiliagalindo.com