Mi primer amor nunca leerá este texto porque, conociéndole, cerró la puerta y no habrá vuelto la mirada atrás. Esa ha sido nuestra condena aunque Él creyera al imponerla que iba a ser sólo la mía. O quizás fue su libertad. O la de ambos.

Aún así, siempre aspiro a que, como yo, de vez en cuando la cicatriz le supure y me rastree por internet. Si es así, si leyeras estas líneas… Amor, nunca te he dado las gracias. No me dejaste la opción a hacerlo. Supongo que debo agradecerte incluso eso: que cortases el hilo que nos unía, sin previo aviso, sin una explicación. Sólo tu silencio. Y tus cartas de amor. Tres acuarelas riojanas. Un libro. Una acacia con mi nombre. Una casa que anhelé nuestra. Nájera. Portales. Borkum Riff. El incendio de Atlanta. Las visitas a Correos. Arwencita. Bradín. Una colección infinita de recuerdos. La capacidad para crear metalenguajes. Tu voz. La noche en que empezaba el verano de 1997.

He tardado 20 años en hacer las paces con lo que fuimos, en ser capaz de pensar en ti sin que se me disparen todas las alarmas. Ahora te confieso que aprendí contigo mucho más de lo que me he permitido admitir. En lo bueno (que lo hubo a manos llenas) y en lo terrible. Soy también quien soy y cómo soy por el daño infringido. Lo que quiera que yo fuese antes de ti jamás volvió a existir.

De ti aprendí a ser en la sombra y sentir en la luz. También una impagable lección: que actuar en caliente me sienta mal, que es mucho mejor ser paciente y, si hace falta, recordar que un francotirador siempre es más letal que un exaltado. Me enseñaste a disfrutar de placeres que ni imaginaba, también a abrir mi mente. A estar preparada para que el daño fortaleciera. A ser capaz de entender que el amor es una fuerza incontrolable que aplaca al tiempo que excita, que tranquiliza y enloquece a la vez. Que mi corazón llevaba años latiendo y sin embargo nunca hasta entonces había resonado. Que jamás me libraría de esa extraña dependencia que desde entonces me retiene cautiva: cuando se ha amado con tanta intensidad ya no se puede prescindir del amor.

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