Mujeres de piedra

Mujeres de piedra

Cada vez que aquella fuente se maquillaba tenía la sensación de ir pintarrajeada, pero cada noche volvía a hacerlo clandestinamente. Tal vez era por una falta de formación al respecto, porque no es de esas integristas que afirman que la mujer más bella es la que no usa maquillaje. Desde su posición había aprendido que la belleza es tan subjetiva (y accidental) que redefine a patitos feos y cisnes al gusto del espectador. Lo que para uno es grotesco para otro es sublime y viceversa. ¿Que tenia que envidiarle ella a la fontana di Trevi? ¿La compañía, la monumentalidad, las monedas? Vale, ella con su rasgos y expresión de estar soplando no impresiona a los demás, ni tiene una sonrisa perfecta, por no tener no tiene ni cuerpo… pero cuando se pone el maquillaje está reclamando su cuota de visibilidad: soy, estoy, siento.

La historia de una fuente con carmín, colorete y un pequeño corazoncito de mujer de piedra

Luz

Luz

A veces el sol se esconde en una farola. Da para el titulo de un cuento; seguramente Coelho encontraría en ello motivos esotéricos y telúricos que darían para libros de auto ayuda con ventas millonarias… Yo simplemente disfruto de esa belleza (que dicen que es un accidente) en pequeñas dosis ante mis ojos, en absurdos juegos de perspectiva que simplemente te recuerdan que soy una insaciable buscadora de luz… Y sabiendo que jamás escribiré ningún relato con este título. Ni muy probablemente con ningún otro. Pero por el camino, atesoro títulos, imágenes, historias, complicidades y algún que otro momento de luminosidad hiriente.

La bella durmiente

La bella durmiente

Al abrir los ojos, la bella durmiente Aurora deseó volver a dormir otros cien años: seguro que el príncipe de Cenicienta no tenía halitosis… así que con una agilidad mental impropia de quien ha dormido un siglo, miró a los ojos del hombre que acababa de despertarla con un beso de tornillo, buscó entre sus registros más poligoneros el tono de voz adecuado y le dijo:
-“¿Tu de qué vas neng?”.

El príncipe sonrió aliviado y se dijo que la realeza estaba pasada de moda, que él era republicano convencido y además este año no faltaría al desfile del orgullo gay. Estaba cansado de ir besando a rubias de bote con historias atormentadas (hechizos, envenenamientos, madrastras pérfidas a las que convertir en suegra) y ya tocaba salir del armario y darse un homenaje.

Aurora, a su vez, volvió a fingir un sueño profundo a la espera que alguien más atractivo le diera un beso para despertarse. Mientras lo hacía pensaba que le tocaba depilarse si no quería pasar cierta vergüenza cuando de los besos pasara la cosa a mayores.

Luna mendax est

Luna mendax est

Luna mendax est. La luna es mentirosa. A Muñoz Molina y su novela Plenilunio le debo el aprendizaje de este recurso mnemotécnico para reconocer las fases de la Luna: sus formas son una farsa, un lío, un puro despiste permanente. Si Crece tiene forma de ‘D’ y si Decrece, de ‘C’. En eso pensaba mientras veía la luna y atardecía en el cielo de mi ciudad y yo acariciaba una cámara que cada vez siento más mía y que me sirve de armadura, confidente, Sancho Panza de mis embestidas a los molinos, compañera y cómplice de mis robos. Mientras pensaba en Muñoz Molina, otro jienense ponía la banda sonora de esta noche, Joaquín Sabina me cantaba en directo Peces de ciudad: “…comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver…” Acaba el miércoles. Sin filtros. Mañana será otro día. Esperemos que bueno. Bona nit.

Derrotas

Derrotas

Tras una noche de insomnio salgo a la calle sin gafas de sol (¿dónde las habré dejado?). Tal vez esa máscara de vampiro que me aleja de mostrar unas ojeras crecientes me hubiese impedido mirar y observar esta escena: ¿preocupación, soledad, sueño? He sentido el impulso de sentarme a su lado y preguntarle cómo estaba, entablar una conversación que diluyese ambos cansancios en la sangre y nos dejara el poso de dos voces anónimas compartiendo la nada. Pero sólo he podido quedarme frente a él con cierto rubor y pensar que quizás en alguna parte y en algún momento del día el peso que le oprime se desvanecería. Prefiero esa idea a pensar que está irremediablemente solo y derrotado. Tal vez lo hago más por mi que por él, el sol inspira cierto optimismo y la esperanza que vendrán momentos mejores es algo absolutamente necesario. Que sea un buen miércoles

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