– ¿Te he contado la historia del ferry? -me preguntas.
Sí, por supuesto que sí, pienso. Y aunque me sé de memoria todos los matices, los chistes, las ensoñaciones, los escenarios… asiento y te dejo contármela de nuevo. Sé que añoras tus paseos por el puerto, donde no has faltado cada día desde que ella no está. Te escucho hablarme, sostengo tu mano y aprovecho para revisar la vía que te mete en vena el calmante que hace que este final sea más llevadero. Sí, estamos en tu viaje de novios de nuevo. En aquel barco hacia Mallorca. Fue tu regalo de bodas a mamá y se lo mantuviste como sorpresa hasta el final. Cómo te gusta explicar lo bien que te sentías después de darte una ducha tras tu noche de bodas. Te recreas en cuando subiste a la cubierta para contemplar cómo el barco se alejaba del Puerto. Ya llega ese momento del relato en que siempre añades con una sonrisa pícara y nostálgica:
– Ella se había quedado en el camarote, exhausta y sonriente… pero eso son cosas que quedan entre tu madre, aquel colchón y yo.
Y aunque sigues hablando, siento que te vas perdiendo en tus propios recuerdos.
-Y entonces pasó… -tu voz siempre tiembla cuando llega este momento- aún veía las luces de la ciudad cuando pasó… aún no sé cómo se rompió la hebilla del reloj y se cayó al agua.
Tanta tristeza en tu tono siempre me emociona. Como cuando dices eso de que tu primer impulso fue lanzarte detrás de él aunque enseguida te diste cuenta que lo habías perdido para siempre.
– Ya ves, hijo, algo tan tonto en aquel momento significó mucho para mí. -te cuesta respirar y esta vez no aguantas las lágrimas- Era el reloj de mi padre y yo lo había llevado desde que murió.
Sé que con ese reloj se iba una parte de tu vida y que no podías dejar de pensar que, en cierta forma, le habías fallado a tu padre. Volvías a sentirte huérfano. Pero tranquilo: ya llega Ella. Ahora es cuando haces aparecer a mamá como la estrella de la historia. Éste es mi momento favorito: te giras y ves a tu mujer que acaba de llegar a la cubierta buscándote y le cuentas acongojado lo que ha sucedido.
– ¿Y sabes que fue lo único que me dijo tu madre? -preguntas orgulloso– desde hoy el mar significa más para ti.

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