Querida.
Me gusta verte crecer en otras mujeres. Sí, suena raro, lo sé. Pero te intuyo en las pulsiones y emociones de las hijas de otras madres, siempre ajenas y a la vez, extrañamente, cercanas. Me sigo sorprendiendo hablándote o escribiéndote, como si alguna vez fueses a leerme o escucharme. Como si no hubiese arrojado a las llamas los cuadernos de una espera que resultó tan estéril como yo misma.

Aquí sigo, hija. Hoy el mundo -y yo orgullosamente- visibiliza a la Mujer. Sin embargo, hace años que el 8M también llena mi calendario del olor a aquel quirófano. Supongo que debería celebrarlo aunque secretamente lo siga maldiciendo. Hasta entonces aún sentía que podía crecer, estirarme y así, de puntillas, tocar el cielo y engendrar vida. Recuerdo que llenaba mis diarios con listas de propósitos en los que aparecías siempre Tú. Pero desde aquel 8M en el Clínic ya no he querido hacer más listas de las que eliminarte.

Después la vida te sorprende en esa esquina de ahí, o en la de allí, y te pone retos, metas, personas, acontecimientos. Y sólo tienes que estar atenta para saltar, agarrar, hacer, soltar, abrir el paraguas, cumplir, intentar, conseguir, frenar, besar, ayudar, decir, soñar, aprender, crear, caminar.

He aprendido también que esto (lo de vivir) consiste en hacer las cosas lo mejor posible y del modo más humano y bonito que se pueda. Y no nos queda otra que recoger todo lo que hay, procesar la felicidad, el dolor, la pérdida, la ilusión. Aunque no siempre sea fácil elegir libremente quién eres todos los días. Porque es nuestra responsabilidad (nuestra condena y nuestra suerte) cuidarnos mucho, mimarnos, hacer cosas buenas y productivas, sin perdernos, sin olvidarnos de quiénes somos, de todo lo hermoso que llevamos dentro.

Si pudiera, si te tuviera aquí ahora, te miraría a los ojos y apoyando mi frente en la tuya te diría que aquí dentro, mírame, mírame bien, aquí dentro tienes, tengo, tienen, Luz. Una Luz que se enciende y se apaga pero que hemos de cuidar que permanezca encendida, viva, la mayor parte del tiempo.

De lo poco que a estas alturas creo haber entendido es que hay que aceptar, agradecer, disfrutar, sentir como sintamos, crecer, y sobre todo, construirnos un camino que recorrer bajo el sol, el viento, la bruma o la lluvia. Y quizás por eso, pese a no tenerte jamás, me quiera (y me deba) celebrar mientras viva.

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