Ese momento único en que alguien acaricia un libro y elige incorporar a su vida ese volumen.

De entre todas las palabras del mundo, polvorientas y esparcidas, manoseadas por segunda o tercera vez, releídas para ser de nuevo abandonadas en un ciclo de adopciones intelectuales que le ha borrado el olor a imprenta y a nuevo.

De entre todas ellas precisamente esas y no otras.
Elecciones.

Misteriosas para el ojo ajeno como las decisiones (racionales, irracionales ¿importa?) que nos llevan a elegir compañías humanas por desgastados que puedan parecer o (principalmente) lo estemos nosotros mismos: ser libro o lector que elige leerte por polvorienta que estés.

Una mañana de domingo post insomnio. Observando tras las cámara. Con la mente activa

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