Oxímoron eres tú

Oxímoron eres tú

Aquella mañana los peripatéticos extendían su tentáculo de sabiduría demagógica de nuevo por las calles de la ciudad. En esta ocasión hablaban sobre el papel del peregrino según la tradición Coélhica.
– “Maestro ¿qué es un Oxímoron?”

El gurú pensó que sería inopinado soltarle un “Oxímoron eres tú” y guardó silencio durante unos minutos mientras pensaba libidinoso (la primavera ya se sabe) en el reflejo ígneo del sol sobre el cabello de su amante. Adoptó una pose sería porque promover la abstinencia siendo un libertino era tan peligroso para sus honorarios como para su fama de santón.

– “Verás, pequeño saltamontes, fíjate en esa barandilla. ¿Ves esa mancha amarillenta? ¿Quien sabe que se oculta bajo su superficie? ¿Entiendes la contradicción que significa que una mancha que tapa un mensaje en realidad es una forma de comunicación? ¿Comunicar algo a través de un acto que en sí es un silencio? ¿Has oído hablar de los gritos del silencio?”

El aprendiz de embaucador asintió pensando en sus problemas de restreñimiento aunque supo que no iban por ahí los tiros.

– “¿Algo así como la plenitud del vacío? ¿El ardor gélido de las palabras escritas sobre la nada? Es que yo sólo veía un manchurrón…”
– “Pues aprende a ver que en cada mancha se oculta una limpieza que parece desaparecida. Pero ahora vamos a ayunarnos un vermut y unas bravas y entenderás mejor el concepto…”

Sólo veo un charco

Sólo veo un charco

Discípulo y maestro caminaban cabizbajos un domingo lluvioso.
– Maestro, ¿tienen las piedras sentimientos? ¿Y memoria?.
El maestro pensó que su alumno estaba a punto de caramelo para leer a Coelho y entenderlo. Suspiró y le dijo con voz de locutor de tele tienda.
– Mira al suelo. Proyecta la imagen del paraíso y verás…
El pupilo miró al suelo y vio en el espejo de agua el cielo reflejado de la ciudad que le había visto nacer. Pensó en sí de alguna forma quedaría esa imagen impregnada al evaporarse el agua y si otros la intuirían cuando ya no existiera. ¿Existe sólo lo evidente? Pensó en cuantas imágenes debía haber visto ese empedrado, en los pasos perdidos, en las sombras y las luces, en la inalcanzable quimera de tener el cielo en la tierra. Luego se avergonzó por pensar esas cursiladas siendo ingeniero químico y no habiendo leído a Bucay lo suficiente.
– Veo sólo un charco, moléculas de hidrógeno y oxígeno con orín de perro -le dijo a su mentor un minuto después.
– Be water, my friend… -sonrió el sabio, conocedor que con vagas palabras se consigue un efecto mayeutico. ¿Entendería el otro que la revelación del día consistía en ser capaz de convertirse en espejo líquido y reflejar lo que el universo conspira para poner frente a ti? ¿Que el agua tiene varios estados? ¿Que la energía no se destruye? ¿Que no les entra agua en los ojos a los peces?
– Sensei, yo sólo veo un charco…
– Pues pequeño saltamontes, la respuesta está en la Epístola de Coelho a los seguidores del Corintians incluyendo la nota al editor pidiendo un adelanto para el Maserati.

a Roma…

a Roma…

Sólo tenía que escribir un sencillo eslogan. Tampoco era tan difícil, se dijo, al fin y al cabo en teoría él era un afamado escritor. Cierto es que no contaba con su grupo secreto de escritores con vagos conocimientos de psicología esotérica para ayudarle en esa ocasión. Tomó el rotulador y, mientras escribía, la frase se diluyó en su memoria como un terrón de azúcar en un café. Instante de pánico. Recordó el consejo del director de marketing de su editorial: “ante la duda mete la palabra alma, nunca falla”. Orgulloso por su ingenio se giró con un halo de misterio para ver el rostro de la comitiva que le acompañaba.
El patronato de turismo de Roma supo inmediatamente que había sido un error contratar a Coelho como protagonista de su campaña publicitaria.

Inseguros sin fronteras

Inseguros sin fronteras

-“¿Izquierda o Derecha?” -preguntaron angustiados.
– “Hacia arriba” -respondió enigmática.
-“¿Pero hacia la izquierda o hacia la derecha?” -volvieron a preguntar.
– “¿Qué indica el manual de instrucciones de Coelho?” -preguntó mordiéndose con disimulo el labio inferior para ocultar su sonrisa.
– “Que busque en mi interior la respuesta y que ante la duda compre el segundo volumen de este manual”.

Suspiró. Su trabajo como guía turística del grupo de terapia para “Inseguros sin Fronteras Tu Puedes Superarlo (o no)” era un filón. Nunca agradecería lo suficiente a su colega de Sarcásticos Anónimos aquel enchufe para conseguir el empleo. Se aclaró la voz y preparó la respuesta que había conseguido que los otros tres grupos anteriores no se movieran del sitio durante la hora y media del recorrido.
– “Hacia arriba. Aunque ante la duda qué mejor que veamos que dicen Bucay y Jodorowsky al respecto antes de tomar una decisión”.

Luz

Luz

A veces el sol se esconde en una farola. Da para el titulo de un cuento; seguramente Coelho encontraría en ello motivos esotéricos y telúricos que darían para libros de auto ayuda con ventas millonarias… Yo simplemente disfruto de esa belleza (que dicen que es un accidente) en pequeñas dosis ante mis ojos, en absurdos juegos de perspectiva que simplemente te recuerdan que soy una insaciable buscadora de luz… Y sabiendo que jamás escribiré ningún relato con este título. Ni muy probablemente con ningún otro. Pero por el camino, atesoro títulos, imágenes, historias, complicidades y algún que otro momento de luminosidad hiriente.

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