Mujeres

Mujeres

Me rodea una tribu de mujeres a las que no les hago saber lo suficiente cuánto las admiro y lo importante que son en mi vida. Podría intentar describirlas una a una y sé que estaría hablando de esa línea común invisible que las ilumina a todas ellas. Irradian tanta magia que deslumbra la bondad y la generosidad con la que se enfrentan al mundo. Sin hacer ruido, sin espectadores ni aplausos.

Cuidan cuando hay enfermos (del cuerpo y del alma). Besan las rodillas de los niños si se caen y la autoestima de los adultos que no saben que se han caído. Leen e inventan cuentos necesarios, porque hay en mi clan unas narradoras extraordinarias, capaces de adaptar el lenguaje al latido y el dolor de cada momento. Y hacen de las palabras, los gestos y los silencios bálsamos que cauterizan las peores heridas.

En ellas mi temperamento de ogro verdoso se ha ido dulcificando, aprendiendo que ser amable con los demás, ser compasiva y empática, no te debilita sino que te ayuda a ser una mujer fuerte y responsable. Y en esa fragua, codo con codo con los hombres de mi vida, quisieron forjarme para ser una persona íntegra y buena.

Siempre están ahí. Quizás por eso no temo intentar solucionar por mí misma casi cualquier cosa. Ni me avergüenza pedir ayuda (su ayuda) cuando la necesito. Y no pierdo la risa por mucho dolor y abismos que me acompañen. Especialmente para dársela a las mujeres más jóvenes de mi vida. Que sientan que presto atención a sus preocupaciones, que las animo a conseguir lo que se propongan, sin olvidar que las cosas hay que pedirlas por favor y agradecerlas. Ojalá pueda verlas convertirse en mujeres independientes y fuertes, de las que saben reflexionar sobre sus propios errores y crecen sin miedo. Que su reflejo en el espejo que soy les ayude a recordar en todo momento todo lo bueno que tienen en ellas.

Mis Mujeres divertidas, solidarias, cariñosas, fuertes (muy fuertes), honestas, valientes, tiernas, protectoras. Aunque el infierno del dolor nos rompa por dentro ellas son capaces de bajar el cielo a la tierra cuando hace falta.

A todas las mujeres que forman parte de mi vida: Con mi admiración y gratitud. 

Monotema

Monotema

Es curioso que aún baje la mirada cuando pienso en ti, como si el deseo de ser madre fuese algo de lo que avergonzarse. Siempre soy discreta, principalmente por él, aunque también para preservar esa intimidad con la que velo los sueños que he perdido. Creo que con los años he conseguido que él no me note este vacío en las entrañas, a estas alturas de nuestro matrimonio tengo una habilidad especial para evadirme sin rencores y sin que se de cuenta.

Recuerdo la última vez que hablamos sobre ello, fue después de las enésimas pruebas médicas que nos confirmaron como sanos y aptos para procrear. Mientras me abrazaba en la cama me dijo que le agotaba escucharme hablar monotemáticamente sobre los hijos que no estábamos teniendo. “Monotema” se convirtió desde ese momento en mi palabra secreta. En mi amplio abanico de emociones que le excluían, en las incontables horas que pasé leyendo clandestinamente sobre adopción. Monotema han sido las miradas que se me escapaban allá donde me encontraba una familia multiétnica. Monotema son los miedos, las emociones, las esperanzas, las dudas. Monotema es el despertar aún de madrugada sintiendo que te he fallado, que en algún rincón del mundo vivías y nos necesitabas. Monotema ha sido y es, sobretodo, amor. Quererte. Evangelio. Más ley que la de gravitación universal. Sentir que todo lo que soy y he sido estaba hecho para la mayor responsabilidad -y privilegio- imaginable: ser tu madre. Amarte. Cuidarte. Respetarte. Acompañarte. Quererte. Estimarte. Ayudarte. Educarte.

Te quiero de una forma tan extraña como hermosa. Ese amor que me ha desbordado toda vida en la peor soledad posible: la de estar acompañada. No, no le culpo. De los dos yo soy la romántica y él ha sido el pragmático. A veces su falta de diplomacia ha sido demoledora aunque también un necesario empujón hacia la supervivencia. Yo veía gigantes, él molinos. Yo veía la ausencia de tu reflejo a la salida del colegio con tus botas de agua dando saltitos sobre espejos de agua. Él sólo sigue viendo charcos y me avisa con un leve apretón en el brazo para que los esquive y no me manche los zapatos. O para evitar que me hunda en quimeras líquidas. Quién sabe.

Otros mundos

Otros mundos

A tus pies, desapercibidos para muchos, hay fragmentos de paisajes urbanos. Me fascinan los que se reflejan en los charcos de agua de las aceras. Es como si la ciudad se dividiese en dos mundos paralelos. Uno a la vista de cualquiera. Otro escondido en sueños.

Sólo veo un charco

Sólo veo un charco

Discípulo y maestro caminaban cabizbajos un domingo lluvioso.
– Maestro, ¿tienen las piedras sentimientos? ¿Y memoria?.
El maestro pensó que su alumno estaba a punto de caramelo para leer a Coelho y entenderlo. Suspiró y le dijo con voz de locutor de tele tienda.
– Mira al suelo. Proyecta la imagen del paraíso y verás…
El pupilo miró al suelo y vio en el espejo de agua el cielo reflejado de la ciudad que le había visto nacer. Pensó en sí de alguna forma quedaría esa imagen impregnada al evaporarse el agua y si otros la intuirían cuando ya no existiera. ¿Existe sólo lo evidente? Pensó en cuantas imágenes debía haber visto ese empedrado, en los pasos perdidos, en las sombras y las luces, en la inalcanzable quimera de tener el cielo en la tierra. Luego se avergonzó por pensar esas cursiladas siendo ingeniero químico y no habiendo leído a Bucay lo suficiente.
– Veo sólo un charco, moléculas de hidrógeno y oxígeno con orín de perro -le dijo a su mentor un minuto después.
– Be water, my friend… -sonrió el sabio, conocedor que con vagas palabras se consigue un efecto mayeutico. ¿Entendería el otro que la revelación del día consistía en ser capaz de convertirse en espejo líquido y reflejar lo que el universo conspira para poner frente a ti? ¿Que el agua tiene varios estados? ¿Que la energía no se destruye? ¿Que no les entra agua en los ojos a los peces?
– Sensei, yo sólo veo un charco…
– Pues pequeño saltamontes, la respuesta está en la Epístola de Coelho a los seguidores del Corintians incluyendo la nota al editor pidiendo un adelanto para el Maserati.

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