Tu mensaje me susurraba: “mira el cielo, hay nubes rosas. Si tienes dos minutos, dispara.” Y yo con el velo de la nicotina en los ojos dejaba todo y salía al vertiginoso rincón donde siempre siento miedo. Pensaba en el daltonismo de las contadoras de historias, en las risas compartidas, en la inminencia del viaje cercano. Tal vez estábamos lejos pero compartiendo la sonrisa estética de quien sabe que pese a los aluviones de trabajo o los zarpazos de la rutina, Tú y yo volvíamos a atardecer.

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