– “Me gusta el fútbol.”-te digo mientras fotografío desde la habitación del Scandic Vulkan a un niño jugando a fútbol con su perro.

Pese a estar dándote la espalda siento tu mirada esperando que continúe contándote que al principio encontré vínculos que me acercaban a mi hermano y a mi padre; la ternura al recordar aquellos domingos de carrusel deportivo o la carpeta de JC con fotos de Quini y el rubiales de Schuster sacados de alguna portada del Sport.

No te diré que mi primer gran amor (ese que se tiene a los tres años y que es el único que siempre te hace esbozar una sonrisa) era el mejor jugador de fútbol del cole. Así que no tardé en ponerme también yo a jugar en el patio del colegio hasta acabar mi mediocre trayectoria en el equipo del instituto.

– “Recuerdo los partidos en la terraza del ático de mis tíos o en la parte de atrás del Terreno” -prosigo-“ahí jugué mis mejores partidos y marqué los mejores goles.”

No te cuento que a mis primos Emilio y Marc les debo impagables aprendizajes: al uno su insaciable capacidad competitiva; al otro que, si no estaba atenta, podía llegar romperme una pierna porque entraba como si se jugara la final de la Copa de Europa. Sonrío porque en esos campos de fútbol de las terrazas de mi infancia fui también feliz cocinando pequeños milagros en solitario.

-“En verano del 86 (al volver del que fue mi primer viaje a Italia) fui la primera niña de 9 años que fichaba como profesional por la Fiore y su camiseta lila.”-entorno los ojos- “entonces creía posible que Italia permitiera algo así. Porque mi mente infantil ya sabía que, en la liga y en este país, jamás podría siendo mujer jugar en mi Barça asistiendo a mi Lineker”.

El niño noruego y su perro siguen jugando en el Nedre Foss Park mientras yo pienso que luego llegó Johan y los milagros también se cocinaban en el campo.

– “Y en muchos sentidos nos hicimos mayores con Cruyff; literal y emocionalmente. Probablemente nos enseñó que es la sencillez del fútbol lo que lo convierte en algo único. Y me reenamoró del juego como cuando era niña y los héroes eran posibles.”

Dedicada a mi hermano que me enseñó la Fe. 
A Belle, porque en todos los pastores alemanes que veo siempre añoro su mirada noble.
A la niña raruna y enfermiza que soñaba con jugar en el Camp Nou. 
Y a ti, que me lees.  

(Esta foto pertenece a la serie  “Sombras en Nedre FossPark”, Agosto de 2017 que aparece en la sección de Noruega en Blanco y Negro.)

error: Alerta: Contenido protegido. Si necesita algún texto o fotografía contacte con www.emiliagalindo.com