Tras una noche de insomnio salgo a la calle sin gafas de sol (¿dónde las habré dejado?). Tal vez esa máscara de vampiro que me aleja de mostrar unas ojeras crecientes me hubiese impedido mirar y observar esta escena: ¿preocupación, soledad, sueño? He sentido el impulso de sentarme a su lado y preguntarle cómo estaba, entablar una conversación que diluyese ambos cansancios en la sangre y nos dejara el poso de dos voces anónimas compartiendo la nada. Pero sólo he podido quedarme frente a él con cierto rubor y pensar que quizás en alguna parte y en algún momento del día el peso que le oprime se desvanecería. Prefiero esa idea a pensar que está irremediablemente solo y derrotado. Tal vez lo hago más por mi que por él, el sol inspira cierto optimismo y la esperanza que vendrán momentos mejores es algo absolutamente necesario. Que sea un buen miércoles

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