Y ahí vas Tú, caminando, sin saber que Aquel (y no otro) iba a ser el día más feliz de toda tu vida. Paseabas tu soledad de pasos cansados. Como sólo se hace cuando se es ajeno a que te espera ese momento en la vida tan hermoso que en el futuro se convierte en el de tu nostalgia. Ese instante atemporal y eterno en el que todo encaja incluso llevando ropa interior con rajita de canela, un puñado de descosidos en el corazón y el imperioso y desconocido deseo de volver a sentir esa sensación

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