Hoy tampoco te lo he dicho. Lo iba a hacer. Pero no. Cuando me había decidido me has dicho “¿vamos al viejo embarcadero a ver cómo atardece?” y sólo he sido capaz de asentir mientras me tomabas de la mano.

A veces me pasa, las palabras se me hacen bola en la garganta, como a los gatos con el pelo. Por eso no te he dicho que quiero verte despertar a mi lado cada día. Ni que esta mañana, cuando se ha puesto a llover me he acordado de ti y de mí en el sofá llorando a moco tendido mientras Robert Kincaid ve marcharse su felicidad en una furgoneta roja. No te he susurrado al oído que he vuelto a tararear en la ducha la canción que escuchamos nuestra primera noche y que he sonreído como hiciste tú, entornando los ojos.

Lo sé. Debería habértelo dicho sin dar tantos rodeos. Decirte que adoro cómo consigues concentrarte cuando necesitas hacer algo, tus estados fugaces y a veces inexplicables de melancolía, el olor de tu pelo, o ese tono en tu voz cuando me dices que tengo un despertar maravilloso.  Debería decirte cuánto me gusta esa costumbre que tienes de emocionarte ante algunas situaciones o gestos o personas. Tu exquisita sensibilidad, tu sentido del humor. Que me emociona que me digas que vas a hacer bizcocho porque yo lo he hecho.

Me gusta escuchar nuestros pasos haciendo crujir la madera. Cuando hemos llegado al final del embarcadero he estado a punto de hablarte del miedo que a veces me bloquea y luego desaparece tal y como ha venido. De cómo me reconforta que conozcas y respetes mis silencios cuando estoy preocupada o triste; que sabes de mi pasión por ti hasta el punto de ponerme a bailar contigo cuando me lo pides.

No te digo lo suficiente lo importante que es esa manera tuya de amar (incontenible, tranquila, auténtica, incondicional, madura y a veces aturrullada). Que cada vez que me hablas de tus siestas suspiro deseando compartirlas todas contigo. Lo de dormir también.

– “Emilia”
Escuchar mi nombre en Tu voz mientras estoy pensando en lo que estoy pensando consigue ruborizarme. Sonríes.

Y como si el universo lo entendiera, sólo entonces, atardece.

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