En algunos relojes de sol se puede leer una frase en latín: sólo cuento las horas serenas. Porque estos relojes sólo cuentan las horas sin nubes, las que (en teoría) son tranquilas.

Yo cuento por supuesto las horas de amaneceres espléndidos, las de luz, las de ese azul que me cauteriza las heridas, las del verde que alimenta mi esperanza. Pero también cuento las horas de los días y las noches grises, los diluvios, las sequías, la zozobra, el blanco y el negro de mis fotos, lo siniestro, lo grotesco, lo cruel, los abismos, la pobreza y la injusticia. Y todo se mezcla en el tiempo. En luces y sombras, segundo a segundo. En la felicidad por haber creído y en la fuerza por seguir creyendo. En los pasos inseguros, en las horas de hastío, de cansancio… en la miseria y en la gloria.

Supongo que es así como cuento las horas, hoy y ahora.
Y serenas (o no) son mías.

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