– “Ser aficionado a las metáforas tiene sus riesgos emocionales” – me explicaba el psicoanalista bonaerense (que además es un escritor de relamidos poemas Jodoroskianos) esta mañana- “Vos sólo entendiste qué significaba para tu mujer decir me da miedo quererte tanto cuando presa del pánico, Ella se arrojó por la ventana y te convirtió en la sombra de un hombre solo, de los que nunca ha conducido un tractor pero que lleva una gorra John Deere hasta para ir al baño”.

Le he mirado sin decir nada, he pensado que era una lástima que hubiese confundido el expediente de otro paciente con el mío, que en realidad acudo a su consulta por el problema de hipersatirismo impenitente con crisis de exhibicionismo. Cómo decirle que llevo la gorra porque oí a su secretaria decir que le ponían los granjeros norteamericanos y el sonido de las cosechadoras. Al salir de la consulta el radar de ganadería femenina me ha hecho ver a una mujer extraña con gafas de sol que me hacia una foto y se marchaba sin darme tiempo a que le propusiera hacerme otra mientras le decía con lujuria acumulada y sucumbiendo a las metáforas aquello de “mira al pajarito”.

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