Acabo de leer la palabra sueca “Ljus barn”, que quiere decir niño luminoso o criatura de luz. Inevitable pensar en mi criatura luminosa, donde quiera que estés, hagas lo que hagas. Hombre de fuego encarando la lluvia en los ojos que provoca el acantilado de tus múltiples abismos que son míos. Recupero esta foto que me evoca a un anciano desvaneciéndose entre las hojas de un libro, que huele a vino y a complicidad, a rinocerontes y azogues de mercurio reflejando el Norte. Pienso en la brújula de Teodoro que alguien dejó una noche real en un umbral en penumbra. Y en su dueño sabiendo que no está solo y que pase lo que pase navegar es preciso

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