– Estás más buena que el pan” -le dijo preso de un arrebato de cariñito cegador.

La paloma- que, voraz y poliglota, escuchaba a la pareja tuvo de pronto un apetito sibarita y se acercó a ella con la intención de comprobar si era cierto. El día que en Barrio Sésamo explicaban las metáforas ella aún estaba en el huevo.

Las lecciones del día iban a ser duras: Decepción para un ave de ciudad; para la chica de las bragas exhibicionistas una reafirmación en su creencia que las palomas son ratas voladoras.

En cambio él no paró de reír en un buen rato al recordar cómo a su novia le atacaba una paloma. La misma que días después, en rencorosa venganza, acabaría cagándosele encima al grito de “te voy a dar yo a ti mermelada pal pan”.

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