“Gira el mundo gira en el espacio infinito, con amores que comienzan, con amores que se han ido con las penas y alegrías de la gente como yo”…

Dos horas exponiendo el cielo nocturno (a intervalos de 30 segundos) da para pensar, sentir frío, tener unas insólitas e inoportunas ganas de hacer pis, hambre, miedo, calma, cosquillas, ataques de sonrisas luminosas y ganas de mandar a la mierda el equipo fotográfico y entregarme a la lujuria de tus besos.

Y por supuesto, también hay espacio para esas sesiones de karaoke eufóricas en las que el aleatorio del móvil elige la música y mi corazón desvergonzado se pone a cantarla.

“Il mondo non si è fermato mai un momento, la notte insegue sempre il giorno…”

Si alguien pasó por allí, (un guarda forestal, un granjero o algún Troll milenario) al escuchar mis gorgoritos imitando a Jimmy Fontana seguro que se alejó meneando la cabeza murmurando que estas mediterráneas están locas. Más o menos como haces Tú aunque sin esa sonrisa con la que recibes mis locuras sureñas.

Esta noche también suenan Los Burros; aunque hoy la he puesto con premeditación y no he dado saltitos de sorpresa al reconocerla. Te vuelvo a cantar como entonces “Tú me sobrevuelas”. Pero lo hago bajito, como cuando tú me cantas con tu cabeza apoyada entre mi cuello y mi pecho. Así sólo las brujas del alba que cruzan el cielo, tu mirada (azul) azabache, los alientos de fuelle y hoguera de los que no quiero escapar vuelven a ser testigos que, “mi remolino de estrellas, quiero estar donde Tú estés.

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