Pasa el tiempo y todo sigue envejeciendo en la plaza nueva. También esa sensación de pérdida, de desamparo, íntima y secreta. Sigo viniendo aquí a esperarte, respirando contra mi voluntad, la fuerza va desgastándose como el recuerdo de tu contacto, como mis huesos empeñados en sostenerme. Y un día ya no estaré, y mi hueco en la plaza lo ocuparán niños que juegan a fútbol usando la sombra de lo que fui como portería para sus goles… Ajenos en su euforia a que entre esos postes imaginarios marcan tantos que derrotan a la tristeza que hoy siento

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