He vuelto a hacerlo, no puedo evitarlo. Robar con la cámara una soledad ajena y anónima tiene algo de solidaridad poética y vampirismo impenitente: ¿acaso mi presencia no implica que técnicamente ya no está sola? ¿que exista alguien que te observa, te atrapa y te atesora sirve de algo si no eres consciente de ello?

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