Una nueva noche de 23 de Junio echando de menos poder contarte la misma historia de cada verbena: que siendo nieta, hija y hermana de Juanes siempre tuve claro que mi hijo llevaría ese nombre. Que quería que unieras tu celebración a la de ellos, que han sido, son y serán punto firme en mi vida. Ejemplo, refugio, fortaleza. Qué mejor compañía para ti que la de los hombres de mi vida.

Con los años, cuando ya te hubieras acostumbrado a las rarezas de tu madre , iríamos añadiendo detalles al relato de la noche de San Juan. Intentaría que entendieras y saboreases la magia ancestral y atávica que se esconde en esta noche de luz, de fuego, de agua. De puro mediterráneo, del auténtico, del que no se envasa en botellines de cervezas ni se adorna con canciones de verano.

Si estuvieras aquí, esta noche de 2017, añadiríamos algunos ingredientes de magia al relato. Te tomaría de la mano y nos acercaríamos al mar dando un paseo. Te señalaría con el dedo las ventanas de la sexta planta del hospital y daríamos saltitos para celebrar las buenas noticias. Sería el momento de hablarte de las mujeres de esta familia tuya y mía. Si el nudo en la garganta me lo permite te diría que son mágicas.
– “¿Un poco brujas?” -me preguntarías si estuvieras en fase de leer a Harry Potter.
– “¿Tienen superpoderes?” -me dirías si fueses un fanático de Marvel.

Y no podría evitar sonreír al pensar que seguramente tienen las mujeres de mi clan un poco de lo uno y un mucho de lo otro.

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