Tengo debilidad por Lucía de Siracusa. Cómo no hacerlo: era mujer, mártir, siciliana y es patrona de los pobres, los ciegos, los niños enfermos, modistas, fotógrafos, afiladores, sastres, fontaneros y escritores.

Dice la leyenda que Lucía poseía unos ojos tan cautivadores que tenía en celo lujurioso a un poderoso pretendiente romano. Así que ella misma, para lanzar un claro mensaje a su acosador, se los arrancó y se los envió en una cajita al susodicho salidorro.

Bueno, mi debilidad por ella va más allá de esa historia un tanto gore (como tantas en el martirologio). Hay una parte biográfica en la que la protagonista es mi madre llevándome a la Catedral los 13 de Diciembre de mi niñez. Todo me fascinaba: las aglomeraciones de gente en la catedral, la capilla de santa Lucia, aquel mar de luz formado por cientos de velas moviéndose al unísono y casi al ritmo de los sonidos de la Fira de pesebres cercana. Allí estaba con mi modista favorita, ajenas las dos a la historia de la santa sin ojos.

Tal vez mi madre (sin saberlo) honraba con ese peregrinaje la antiquísima tradición que se remonta a la edad media, de su Sierra de Baza natal en la que, para rendir homenaje a la santa se encendían hogueras esta noche. Quizás en ese mar de luces de santa lucías pasadas y presentes haya algo de todos esos antepasados cuyos genes han compuesto (de forma caprichosa) el ser biológico que soy.

No sé si hay ventanas mágicas entre pasado y presente. Lo que sé es que me atrae este momento más allá de la festividad religiosa. El momento de Oscuridad máxima y la celebración de la Luz. Hoy en día seguimos el calendario Gregoriano y la noche más oscura y más larga del año es la del 21. Pero en la cronología antigua el solsticio de invierno era del 13 de diciembre. De ahí la fiesta de la Luz, de Lucía.

No me avergüenza decir que me gusta la Luz pese (o porque) soy insoportablemente fotofóbica. Ni que me pirra hacer fotos a bombillas. O que me gusta que sea este un día en el que una Mujer trae Luz al mundo. Como mi madre ilumina mi vida cuando me toma de la mano y entramos juntas  en la catedral.

error: Alerta: Contenido protegido. Si necesita algún texto o fotografía contacte con www.emiliagalindo.com