Un año más los siete enanitos acudieron a su cita con Blancanieves. Fieles a su conjura, nunca fallaban: ya que no había perdices que no faltara la cerveza. Porque lo que nunca explica el cuento es que el Príncipe Azul se convirtió en un Viejo Verde que la abandonó por otra más joven. Ni tampoco muestra cómo ella, adicta al Botox como su madrastra, acabó malviviendo alimentándose sólo de manzanas y rodeada de gatos. La encontró sin vida la Policía cuando fue a desahuciarla y sólo sus siete minúsculos amigos visitan su tumba sin lápida cada día de los difuntos.

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