Esta es la historia de un viejo teatro abandonado y hombre anciano con sujeciones metálicas para no desmoronarse. Ambos solos entre las sombras y la luz. Ambos compartiendo recuerdos de lejanos espectáculos de variedades y pasos seguros y confiados. De eso hace tanto que ni uno ni otro se atreven a verbalizarlo por miedo a que queden sepultados entre otras historias cotidianas y achaques de la edad. “La memoria es el único paraíso del que no podemos ser expulsados”- se susurran con nostalgia mientras se separan hasta volverse a encontrar otro día de sol tras la lluvia. Y seguirán tan solos como hoy, hasta que un día los pasos del hombre sean sólo un recuerdo perpetuado en una foto robada. Y la soledad del edificio sea tan inmensa como desconocida.

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