Mi infancia son recuerdos de un bar de Barcelona y una tragaperras donde nunca maduró el limonero; mi juventud, veinte años de ludopatías; mi historia, algunos casos que recordar no quiero. Ni una seductora Rubia Natural ni una Estrecha he sido -ya conocéis mi torpe aliño indumentario-; mas recibí la flecha que me asignó Cupido y amé cuanto ellas pueden tener de hospitalario. Hay en mis venas gotas de sangre irresponsable, de un padre que no supo cuidar mi infancia serena; y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina, fue, en el peor sentido de la palabra, inepto.

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