Alguien le dijo hace poco “yo no te digo a la cara que eres fea, para eso tienes espejos en los que mirarte cada día”.

Y quien lo hizo no sabía hasta qué punto estaba removiendo basura. No respondió. Sonrió con cara de póker y dejó que esa frase le recorriese como una riada arrasando lo que encontraba a su paso, principalmente autoestima y feminidad a partes iguales.

Durante unos días pensó en los pocos hombres que habían formado parte de su vida, en qué demonios había atraído su atención de aquel patito que nunca se hizo cisne.

Anheló sentirse deseada, el ego femenino tiene esas cosas, siempre deseando ser por un momento la protagonista de una foto de Ruth Orkin.

La chica de las rebajas no pudo evitar sonreír al saberse capturada por un objetivo 300 y las pupilas de dos desconocidos que dejaron de hablar de fútbol para seguir sus pasos derramando testosterona.

La Orkin, desde su tumba en NY, parecía susurrarme : tramps like us, baby we were born to run…

 

 

 

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