Homeless but not Nameless. Esta imagen de un muro con el texto “tu nombre” y una persona sin hogar durmiendo al sol me ha hecho pensar en cómo se despersonaliza a la gente cuya vida se ha roto y vive en la calle. Y tal vez ese sea un sencillo paso para salir de la invisibilidad, para dejar de ser a ojos de los demás poco más que mobiliario urbano inadvertido o molesto. La reafirmación de autoestima y dignidad que encierra un nombre, una historia, la capacidad de seguir reconociéndose y siendo reconocido por los demás. No hay abracadabras ni panaceas universales (ni en esto ni en nada) pero desde hace años me inspira la obra de Emmanuel Lévinas, que observó que la base de la violencia en la sociedad occidental era el interés, ya que resulta imposible el poder afirmarnos todos, por ello advirtió que este inter-és debíamos convertirlo en des-inter-és, es decir, debíamos de ponernos en el lugar del otro sin esperar nada a cambio. Debíamos, por consiguiente, ver más allá de nosotros mismos; aceptar que somos, animales cívicos, sociales; aceptar que a mi lado se encuentra el Otro, gracias al cual soy yo quien soy… y que desde el momento en que el Otro me mira, yo soy responsable de él sin ni siquiera tener que tomar responsabilidades en relación con él; su responsabilidad me incumbe. La filosofía no empezará en el yo, sino en el Otro. “¿Cuándo soy yo? Cuando otro me nombra, si nadie nos nombra no somos nada.

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