Me pregunto si, mientras disparamos una fotografía, somos conscientes que tal vez alguien desconocido para nuestro “yo” actual nos aguarda en el futuro para aprehenderla y sentirla suya de alguna forma que ignoramos en ese instante. Y me cuestiono si la inmediatez de nuestra angustia nos hace olvidar que quizás dentro de un puñado de años ese alguien abanderará, acariciará o se estremecerá con este momento de soledad en blanco y negro. Con suerte incluso nos dirá mirándonos a los ojos: “también es mía esa carga de gloria y miseria.” Me gusta pensar que tal vez el futuro del que hablo ya esté siendo el presente de alguien en este preciso instante y que hoy algún buscador de soledades ya debe conocer a ese extraño ser que abraza su pasado con lealtad metabólica y cauterizadora

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