– “Cuando Thomas Alva Edison conoció a Nanna Sørensen él tenía treinta y seis años y ella cuarenta y dos.”

Así empieza siempre su relato Arvid Dahl cuando conduce al grupo de turistas al interior del restaurante de su primo.

-“Nanna” -prosigue- “era una mujer hermosísima y misteriosa. Nadie conocía gran cosa de su biografía, más allá que decía ser hija de aristócratas noruegos y se había casado con un rico industrial norteamericano. Enviudó poco después y se hizo una habitual de las cenas de gala de la alta sociedad. Fue precisamente en uno de esos eventos en 1879 cuando coincidieron y él se enamoró perdidamente.”

Este punto de su relato, piensa siempre, es crucial para que todos olviden que les ha preparado una encerrona llevándoles al restaurante caro de su pariente y llevarse una comisión por comensal. Así que se recrea en cómo Thomas observa embelesado el rizo que cae sobre la frente de Nanna mientras ella explica a sus invitados que en las sagas escandinavas no hubo nadie más sabio, querido y bondadoso que Balder. Era el Dios de la Luz y la Verdad y además esposo de la diosa Nanna a quien ella debía su nombre. Uno de los principales cometidos de Balder era ofrecer, uno a uno, a todos los mortales la respuesta a los grandes misterios de la existencia. Esa noche, completamente hechizado por su relato, Edison se acercó a Nanna y le preguntó qué milagro debía realizar para ser su Balder.

Dicen que Ella le observó fijamente y le dijo que, tal y como sucedía en la mitología nórdica, simplemente debía entregar a cada ser humano la solución al gran enigma de la vida.
– “¿Cuál es?”-preguntó él.
-“Que el corazón del Hombre es frágil como el cristal pero en su interior se atesora la llama más poderosa, ésa que si no vemos estamos a oscuras”-respondió Nanna-. “El dia que pueda ver entre tus manos ese milagro, ese día, seré tuya.”

-“Edison tardó apenas un año en finalizar el invento de la bombilla e hizo llamar a Nanna para que asistiera a su presentación mundial. Al acabar el evento la vio entre el público, era tan hermosa (o más) como la recordaba. Aunque sus gafas de sol y su bastón blanco le hicieron comprender lo cruel que estaba siendo el destino. Se acercó a su musa y, poniéndole en la mano una bombilla parecida a esta” -añade el guía mientras señala una suspendida en el comedor-,”cuentan que le susurró: te entrego como prometí la llama encerrada en un cuerpo de cristal, metáfora de la fragilidad y fuerza del ser humano. Maldigo mi suerte porque al no poder verla tú, no puedo cumplir con nuestra promesa y no podrás ser mía.”

Nanna besó suavemente la mejilla del inventor y le contestó en noruego: lo que importa es que Balder sigue entregando la Luz a los Hombres.

¿Que no cuela que la bombilla tenga orígen Noruego? -piensa sonriente Arvid mientras recoge su comisión en el restaurante. Al fin y al cabo, la emoción que siembro en ellos, se dice, es mucho mejor que decirles que Edison robó la idea a Joseph Wilson Swan o que mi primo sirve salmón congelado.

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