“Habitación espaciosa en una casa con gatos donde mandan los gatos. Si no te interesa, mantente lejos o te arrepentirás.” -decía el anuncio de Liv en Booking.

Sí, lo sé. ¿Cómo leyendo eso decidí ir?. 44 euros/noche en Noruega es un chollo… y, sobre todo, porque es el único alojamiento para forasteros que hay en el Islote de la Luz.

Liv apareció en el café de repente, aunque sentí como si llevase un rato allí, leyendo mis pensamientos. De edad indescifrable tenía cierto halo vampírico.

Lo primero que pensé es que hablaba mucho y rápido, y mientras lo hacía, no tenía muy claro si me contaba historias que había inventado para distraer (o asustar) a los pocos zumbados que nos acercábamos a su isla.

Ya en su casa todo olía a hierbas secas. Me señaló una habitación, diciendo que allí podría quedarme el tiempo que quisiera, aunque no prometía nada más. ¿Y qué se supone que debía prometerme “más”? -me dije con un escalofrío imaginándola apareciendo en picardías en mitad de la noche diciéndome en noruego el equivalente a “cómeme to el matojo a tu antojo”.

No me tranquilizó que la habitación no tuviera pestillo ni que cada vez que salía de mi cuarto la encontrara sentada con sus gatos frente a la chimenea.
-“¿Te preparo un té?” – me insistía enseñándome los dientes al sonreír- “tengo una variedad que sólo se cultiva en Lysøya y que hace que la memoria no siempre siga las reglas”.

 Nunca sabré con certeza si era una anfitriona excéntrica, un espíritu travieso de la isla o algo que mezclaba ambas cosas. Apenas tengo recuerdos de mis noches en su casa. La veo haciendo una especie de coreografía con sus gatos. También diciéndome que había decidido que las habitaciones de su casa hablaran y que “aquí, lo que buscas se encuentra antes de que sepas que lo buscabas.”
Liv hablaba y hablaba. A veces también reía de una forma extraña mientras tomábamos café y los objetos empezaban a flotar; otras, cuando se acercaba a darme las buenas noches y el aire se llenaba de olor a incienso y misterio me susurraba que “lo que pasa en casa de Liv, se queda en casa de Liv”.

He querido ponerle una reseña a su casa, pero Booking y mi banco dicen que nunca he estado durmiendo en Lysøya.